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Terremoto demográfico

El Presidente de la República se ha referido en estas últimas semanas a la preocupación que tiene el Ejecutivo con el bajo crecimiento poblacional de Chile.

Al respecto, en declaración de esta última semana afirmó el Presidente Piñera: “nuestro país vive un verdadero ´terremoto demográfico´”, debido a las baja cantidad de hijos que tienen en promedio las madres chilenas y por ello el Mandatario manifestó que la realidad actual le preocupa más que el “terremoto del 27 de febrero”.

“El tema de la fertilidad está en el corazón de las prioridades”, aseveró. Si se hubiesen mantenido las tasas de los años 90, tendríamos un millón de niños adicionales y Chile sería distinto, sería mejor”, añadió Piñera.

“Por ello hemos tomado el toro por las astas y haremos todo lo que esté a nuestro alcance, para que las madres y padres que quieran tener hijos y no puedan tener hijos, tengan toda la ayuda médica y científica que necesitan, porque al menos 4 de 5 tengan el problema resuelto”, dijo el Presidente.

Tales declaraciones son reconfortantes para quienes, como Acción Familia, hemos advertido desde hace mucho tiempo de la necesidad de que el Poder Público tome medidas para intentar revertir este verdadero “terremoto demográfico”.

Las malas consecuencias de la caída demográfica son tan evidentes que no nos vamos a detener en este comentario a detallarlas. Baste decir que la principal riqueza de un país no está en sus recursos materiales, sino en los habitantes que la pueblan y la hacen producir. Disminuyendo esa población, el País no sólo pierde su riqueza moral, sino también la posibilidad de hacer producir sus riquezas naturales.

Sin embargo, una vez que la máxima autoridad nacional manifiesta su empeño en aplicar medidas que promuevan la natalidad, lo que nos parece más importante en el momento es referirnos a cuáles de ellas son las más urgentes de implementar.

En primer lugar, si bien es cierto que facilitar los recursos médicos para que aquellos matrimonios que tienen problemas para tener hijos puedan solucionarlos, significa una señal importante, ella es bastante secundaria para revertir el problema.

Ud. nos podrá preguntar ¿cuáles son entonces las principales medidas que proponemos para el aumento de la natalidad en Chile?

La respuesta es más fácil de lo que parece. Así como en la vida vegetal, el fruto abundante es la consecuencia de árboles sanos, así también en la sociedad humana, los hijos numerosos son frutos de familias robustas.

Por esta razón, si bien es cierto que los incentivos médicos, de bonos por nacimiento, de post natal, etc., propuestos por el Ejecutivo, efectivamente pueden significar una ayuda importante para disminuir los costos que trae una nueva vida, la principal medida consiste en la fortificación del tronco de donde ella nace.

Es decir, la fortificación de la familia.

La pregunta entonces es ¿Cómo el Poder Público puede fortificar la familia?

La respuesta también es fácil de comprender.

En primer lugar, el Estado debe entender que la familia es la célula básica de la sociedad, y esto es así porque ella cumple las dos principales funciones de las cuales nace la sociedad, que son precisamente la procreación y la educación de los hijos.

Además, cada familia es, por su propia naturaleza, el ambiente óptimo para que sus hijos sean formados, por el conocimiento, la afinidad y el afecto recíprocos que existe, lo cual permite tener en ellos una profunda influencia, que se profundiza a medida que se practica.

Pero la familia sólo puede cumplir con sus funciones naturales cuando encuentra un ambiente que le sea propicio para poder realizarlas. Es decir, los padres querrán tener hijos cuando su unión sea estable, pues de lo contrario, si es una unión efímera, los hijos significarán un grave problema a la hora de la separación, y mucho peor si se produce el divorcio.

Por otra parte, los hijos encontrarán el mejor ambiente en su educación cuando son estimulados y protegidos por sus propios padres, pues ahí encontrarán la confianza y el incentivo para el desarrollo de sus propias potencialidades.

Es decir, para existir, la familia prolífera se necesitan dos condiciones: estabilidad y reconocimiento de su papel fundamental de educadora.

Por lo tanto, las políticas públicas deben comenzar por crear estas condiciones. Para tal tarea, se deben promover las instancias legales que estimulen las familias estables. El bono de oro para matrimonios de más de 50 años de casados, es una buena señal inicial en ese sentido.

Sin embargo, eso no basta. Deberían estudiarse los efectos producidos en la baja natalidad con posterioridad a la aprobación del actual divorcio exprés, que trata al matrimonio como un mero trámite burocrático, el cual se elimina con otro trámite sumario. Para esto debe presentar iniciativas legales que contrarresten esas consecuencias, al menos incentivando positivamente a las uniones estables.

Otra de las principales señales de apoyo a la familia prolífera es no promover iniciativas legales equívocas que intenten al mismo tiempo otorgar iguales o similares derechos a otros tipos de uniones que no son matrimoniales.

Nos referimos al Proyecto Asociación de Vida en Pareja presentando por el mismo Presidente, quien lamenta la falta de un millón y medio de niños, pero, por otro lado, intenta legalizar uniones que de suyo son estériles o no buscan perpetuarse en los hijos.

Tales medidas son como la de un capitán que intenta sacar agua de su embarcación y al mismo tiempo hace agujeros en la quilla.

Ud. me preguntará ¿por qué esas medidas van a perjudicar el crecimiento poblacional? ¿No será que ellas son una manifestación de la pluralidad de los conceptos de familia que enriquece a la sociedad?

Le respondemos que, cuando el Estado da igual protección a entidades completamente diferentes y aun opuestas, como son, de un lado, los matrimonios que se comprometen para toda la vida, y de otro, las uniones de hecho homo u heterosexuales, que no se comprometen a nada, está indicando que para el bien común ellas son iguales o semejantes.

Este juicio de valor constituye una profunda injusticia para con aquellos que se comprometen para toda la vida e incentiva además a los jóvenes a optar por el camino más fácil, el cual no acarrea compromisos ni cargas de hijos.

Por otra parte, también constituye una contradicción el hecho de que, precisamente en los mismos días en que el Presidente manifestaba su preocupación por la baja de natalidad, aprobaba la distribución de anticonceptivos, las llamadas “píldoras de emergencia”, a niñas a partir de los 14 años de edad, sin que para esto se requiera el consentimiento de sus padres.

Lógicamente, esta medida es de molde a formar en las menores de edad la idea de que las relaciones sexuales no son sino un juego, de cuyas consecuencias molestas –los hijos– se pueden salvar gracias a las píldoras suministradas por el Estado, de donde se seguirá un agravamiento de la promiscuidad juvenil y la creación de una mentalidad anticonceptiva.

Así lo único que se forma es una generación no apta para engendrar nuevos hijos y educarlos en los conceptos de responsabilidad y moral, que son precisamente los dos soportes en que se apoya el matrimonio.

En definitiva, si se trata de incentivar la natalidad, se debe estimular la fuente de donde vienen los hijos, la familia natural, y no se deben dar señales contradictorias como las ya indicadas.

Esperamos, pues, por el bien del futuro de Chile, que en esta materia se enmiende el rumbo.

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18/06/2013 | Por | Categoría: Anticoncepción
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