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Aborto y Relativismo Moral

El derecho a la vida, ¿una mera concesión social?

Pretenden justificar los crímenes del aborto en nombre del derecho de libertad individual y de salud

El consenso universal sobre la inviolabilidad de la vida humana inocente es una de las características más profundas de la conciencia moral y jurídica del hombre.

Aunque las violaciones de este principio han ocurrido desde los albores de la historia, comenzando con el fratricidio narrado en el capítulo cuatro del Génesis, el homicidio voluntario siempre fue considerado una aberración moral. A través de una formulación negativa, el mandamiento bíblico “No matarás” 1 es el garante del principio según el cual la vida humana inocente es un bien sagrado. Tuvimos que llegar al siglo XXI para presenciar un aplastante y general desvanecimiento de un principio tan evidente.

Como señala el Papa Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae,

“Se está desarrollando y estableciendo un nuevo clima cultural que da al crimen contra la vida un carácter nuevo y, si es posible, aún más siniestro: amplios sectores de la opinión pública justifican ciertos crímenes contra la vida en nombre de los derechos de libertad individual, y sobre esta base reivindican no sólo la exención de castigo, sino la autorización del Estado para que estas cosas puedan hacerse con total libertad y la asistencia gratuita de los sistemas sanitarios”.

Otro punto denunciado en Evangelium Vitae es el relativismo moral que impregna el “nuevo clima cultural”:

“No sólo el hecho de la destrucción de tantas vidas humanas por nacer o en su etapa final es extremadamente grave y perturbador. No menos grave y perturbador es el hecho de que la propia conciencia, obscurecida por un condicionamiento tan generalizado, está encontrando cada vez más difícil distinguir entre el bien y el mal”.

El relativismo moral reinante hoy ha logrado confundir el sentido común con respecto al valor de la vida humana; la vida y la muerte se han convertido en cosas insignificantes. En consecuencia, millones de seres humanos ‒los no nacidos‒ terminan su breve existencia en los recipientes de basura de clínicas de aborto o en laboratorios de investigación.

Millones de seres humanos terminan su breve existencia en los recipientes de basura de clínicas de aborto o en laboratorios de investigación

A juicio de los defensores del aborto libre, la nueva vida humana en el útero no es más que un “material biológico potencialmente humano”. Él o ella es una vida desde el punto de vista biológico, pero no desde el punto de vista cultural y filosófico. De esto se deduce que suprimir la vida de un feto es suprimir una vida biológica, no humana.

Para proporcionar un fundamento filosófico a esta noción absurda, los teóricos del aborto recurren al relativismo filosófico, afirmando que no existe la naturaleza humana inmutable. El ser humano y la persona humana, dicen, no son más que conceptos históricos y filosóficos, que no corresponden a ninguna verdad objetiva, simplemente porque la verdad objetiva no existe. Todo es subjetivo. Por lo tanto, ser y persona son nociones relativas que pueden definirse arbitrariamente, como las reglas de un juego. Y esas nociones experimentan el mismo proceso de evolución que la cultura y la gente.

“De esta manera ‒señala Juan Pablo II‒ se pierde toda referencia a los valores comunes y a una verdad absolutamente vinculante para todos, y la vida social se aventura en las arenas movedizas del relativismo completo. En ese punto todo es negociable, todo está abierto a la negociación: incluso el primero de los derechos fundamentales, el derecho a la vida”.

Totalitarismo cultural

Esta concepción relativista del hombre y del universo es el pilar doctrinal del aborto, que imagina que el concepto de persona humana es una construcción de la sociedad. Detrás de este razonamiento se esconde el Leviatán moderno del totalitarismo cultural, de la “dictadura de las ideas”, que surge cuando los teóricos reemplazan la realidad natural por sus propias ideas. La razón, dejando de ser el instrumento que nos permite conocer lo que es el hombre, presume que puede crear o inventar al hombre. Quien inventa la idea de hombre, inventa al hombre; y el que inventa al hombre, tiene dominio sobre él y dispone de él como le plazca, ya que inventa al hombre a la “imagen y semejanza” de sus pensamientos y voluntad arbitrarios.

De acuerdo con el relativismo moral, el derecho a la vida del niño concebido en el vientre, proviene de una mera concesión de los padres y de la sociedad, que se otorgará en la medida requerida por las demandas personales y las de la investigación científica profesional. Los llamados derechos inalienables no existen, porque todo derecho es una fabricación social, fruto artificial de simples convenciones jurídicas.

La aprobación del aborto por una mayoría de la población no podrá justificarlo, pues el derecho a la vida no es una mera concesión social.

Como consecuencia de concepciones tan erróneos, la vida del más débil y más inocente de los seres humanos, el conceptus, queda a merced de los más fuertes, de los padres y del Estado.

Juan Pablo II se refiere a las consecuencias del relativismo:

“Resultado siniestro de un relativismo que reina sin oposición: el ‘derecho’ deja de ser tal, porque ya no está firmemente fundado en la dignidad inviolable de la persona, sino que queda sometido a la voluntad de la parte más fuerte. De esta manera, la democracia, contradiciendo sus propios principios, se mueve efectivamente hacia una forma de totalitarismo”.

Ahora bien, la vida de todo ser humano debe ser respetada por lo que es, no por una mera concesión social, pues todo individuo humano es titular de un derecho objetivo, primario e inalienable a la vida.

Derecho inalienable a la vida

Esto es lo que afirma el Magisterio de la Iglesia al enseñar que:

“Hay precisamente un cierto número de derechos que la sociedad no está en condiciones de otorgar, ya que estos derechos preceden a la sociedad; pero la sociedad tiene la función de preservarlos y hacerlos valer”.

“El primer derecho de la persona humana es su vida. Tiene otros bienes y algunos más preciosos, pero éste es fundamental: es la condición de todos los demás, por lo que debe ser protegido sobre todos los demás. No le pertenece a la sociedad, ni a la autoridad pública, en ninguna forma reconocer este derecho para algunos y no para otros”.

El respeto de la vida humana inocente es una limitación moral de la cual nadie puede ser liberado. Se trata, pues, de un principio que no admite excepciones ni presunciones legitimadoras. En otras palabras, ningún pretexto, ya sea ventaja personal, defectos genéticos, el derecho de otra persona, la salud, la vida de una madre o el honor manchado, o la supuesta superpoblación, puede justificar moralmente el aborto adquirido.

Escribe el Papa en Evangelium Vitae:

“Ninguna circunstancia, ningún propósito, ninguna ley puede jamás hacer lícito un acto intrínsecamente ilícito, ya que es contrario a la Ley de Dios que está escrita en todo corazón humano, reconocible por la razón misma, y proclamado por la Iglesia”.

Este abominable crimen será siempre condenable, independientemente de su extendida y espantosa práctica. Incluso la aprobación del aborto por una mayoría de la población no podrá justificarlo.

La verdad no puede ser medida por la opinión de la mayoría, afirma Juan Pablo II:

“Ciertamente, un cambio de mentalidad en la gente con respecto a la naturaleza humana no puede de ninguna manera justificar el aborto. Más bien, sólo mostraría el grado y la profundidad de un fenómeno trágico: el embotamiento general del sentido moral”.

Agrega el Pontífice:

“La democracia no puede ser idolatrada hasta convertirla en un sustituto de la moral o una panacea para la inmoralidad”.

Pero, siendo relativistas, los abortistas no pueden dejar de ser contradictorios. La incongruencia más estridente es observable, una de ellas es que ningún defensor del aborto aceptaría jamás sufrir lo que están dispuestos a hacer sufrir al feto. Ellos tienen razón con respecto a sí mismos. Están totalmente equivocados con respecto al nonato.

 

Traducción Acción Familia. Fuente: TFP Student Action

NOTAS:

  1. Véase Éxodo 20:13; Dent 5:17; Mt. 19:18; Mc. 10:19.
  2. La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, instrucción “Sobre el Aborto intentado”, 18 de noviembre de 1974, nn. 10-13, en Social Justice Review, noviembre de 1974, pág. 207.
  3. Juan Pablo II, “Alocución sobre el vigésimo aniversario de la encíclica Humanae Vitae”, en L’Osservatore Romano, 17 de marzo de 1988, p. 11
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11/03/2017 | Por | Categoría: Aborto
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Un comentario to “Aborto y Relativismo Moral”

  1. María de la Luz Alvarez dice:

    Todo lo que se quiera decir sobre el aborto para justificarlo es inaceptable porque desde el hecho de desconocer que el feto es un ser humano y por lo tanto sin derecho alguno es el primer error. Me gustaría preguntarle a los abortista ¿si le hubiera gustado que su madre los hubiera eliminado? Estoy segura que dirían que no “porque no había ninguna razón”, sin embargo ellos abogan que la mujeres sí tienen razones para hacerlo, pero no su madre. Atacar a un ser indefenso, que es hijo pese a todo, es absolutamente incomprensible. La marca que deja en el corazón de la mujer que lo ha hecho es imborrable, pese a lo que digan los abortistas, ese dolor lo llevarán hasta la tumba. Por eso hay que luchar para que esta Ley no se apruebe y confiar en la Virgen que es nuestra Patrona.

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