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La no discriminación, ¿una palabra talismán?

La creación artificial de nuevas palabras o la deformación del sentido natural de las existentes, son una herrramieta potente para el cambio de las mentalidades.

En esta época en que las farmacias ocupan casi todas las esquinas de mayor tránsito y los diarios dedican importante espacio a los temas de salud, hay ciertos remedios que se ponen de moda.

Sin embargo, después de un cierto tiempo durante el cual a estos remedios se les atribuyen cualidades casi mágicas, ellos disminuyen de popularidad y comienzan a ponerse de moda otros productos que vuelven a ilusionar con expectativas de curas milagrosas.

Para las enfermedades sociales, existen también palabras o conceptos “mágicos” salidos no se sabe bien de qué laboratorios, y que cumplen el mismo papel de encantar a sus consumidores.

Así, en la década de los 60, el “diálogo” era la solución para todo. Se repetía sin cesar que en virtud del “diálogo” todos los conflictos sociales se solucionarían. Pero para que el “diálogo” fuera eficaz había que renunciar previamente a posiciones doctrinarias coherentes y sumergirse, suavemente y a ojos cerrados, en un clima desprevenido de entendimiento pacifista.

El gran promotor de este “diálogo” optimista fue el Partido Demócrata Cristiano, con su consigna que había algo peor que el comunismo; el anti-comunismo. Esta receta nos condujo, de capitulación en capitulación, hasta los mil días de la Unidad Popular.

Más tarde, por los años 80, la palabra mágica dejó de ser el “diálogo” y se reemplazó por la del “consenso”. Todos deberíamos buscar el “consenso”, pues así se llegaría a la solución de los problemas nacionales e internacionales.

Este remedio social del “consenso”, para ser efectivo, exigía ingerirlo en ayunas de cualquier convicción doctrinaria firme. Sólo así se llegaría a un entendimiento, de fondo evidentemente relativista, donde se conseguiría entender “y conciliar” las posiciones más divergentes.

En el plano nacional, el espíritu del “consenso” fue el alma del “Acuerdo Nacional”, que terminó en la formación de la “Concertación”, conglomerado político de izquierda, que nos gobierna desde hace más de 18 años.

Estas palabras con efectos “mágicos” fueron catalogadas por el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira como “palabras talismanes”, en su famoso libro Transbordo ideológico inadvertido y Diálogo([1]), pues, al ser utilizadas sin precisar sus límites ni contenidos, van produciendo, de modo paulatino, y muchas veces inadvertido, una renuncia a las convicciones de quienes se dejan seducir por ellas.

Sin embargo, como todo pasa en esta vida, las palabras talismanes, “diálogo” y “consenso” también envejecieron, dejando lugar a un nuevo concepto “talismán” que ahora se repite a propósito de todo: es la llamada “no discriminación”.

Así como las palabras talismanes anteriores, ésta también tiene un sentido elástico e impreciso. Ella exige abertura y comprensión con relación a todo tipo de conductas, de modas y de modos de ser, independientemente de cualquier criterio moral y religioso.

De acuerdo a este concepto vago de “no discriminación”, las personas que afirmen la existencia de un bien que se debe respetar y de un mal que se debe evitar, se transforman, ipso facto, en “discriminadores”.

¿Cuáles serán las consecuencias de esta nueva palabra “talismán”?

Un espíritu superficial respondería que con ella se alcanzará la libertad para todos. Sin embargo como pasaremos a ver, lejos de tal libertad, ella será la base de una persecución moral y religiosa.

Para ilustrar este espíritu persecutorio de la llamada “no discriminación” veamos algunos ejemplos ilustrativos que se están produciendo en estos días en el campo de la educación.

El Ministerio de Educación acaba de celebrar un acuerdo en virtud del cual las conductas homosexuales no serán sancionadas al interior de los establecimientos educacionales: “…el Ministerio de Educación de Chile confirmó al Movimiento de Integración y Liberación Homosexual que emitirá un instructivo a los colegios y liceos del país demandando la no discriminación por orientación sexual e identidad de género”. “En la reunión con la jefa del gabinete del Ministerio de Educación, Cecilia Jara, se explicitó que con el instructivo se buscará que todos los reglamentos de los establecimiento educacionales que establecen sanciones contra las personas homosexuales o transexuales sean modificados“(Cf. www.anodis.com 9 de Abril del 2007).

De este modo, cualquier director católico estará impedido de sancionar las conductas homosexuales que se puedan producir en el interior de su establecimiento de educación.

Sin embargo la no discriminación no para ahí, sus promotores también exigen el reconocimiento de los supuestos derechos de niños homosexuales: “…Desde el Movilh hemos trabajado a favor de los adultos mayores gays, lesbianas y trans y de los niños y niñas afectados por la homofobia y transfobia en las escuelas y liceos. Ahora ya es tiempo que el derecho de amar de los menores también sea respetado. No es posible que un menor o un joven que se siente homosexual o transexual, sea criminalizado por nuestro código penal. Eso es una violación a los derechos humanos (…) “ (Cf. www.anodis.com 13 de Julio de 2007).

Para conocer hasta donde puede llegar esta persecución religiosa en nombre de la “no discriminación”, le invitamos a leer el artículo siguiente, donde se expone la situación en que están viviendo los países que ya aprobaron leyes similares a la que se tramita actualmente en el Congreso Nacional. ([2])


[1] cf. “Trasbordo Ideológico inadvertido y Diálogo”. Plinio Corrêa de Oliveira, 1985, Santiago, Chile.

[2] Boletín Nª 3815, Proyecto de Ley que establece penalidades contra la discriminación.

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01/04/2008 | Por | Categoría: Revolución Cultural

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