¿Continúa avanzando la Revolución cultural en Chile?
Las recientes iniciativas ministeriales y legislativas a favor de las reivindicaciones del lobby homosexual y contrarias a la familia natural han sorprendido a la ciudadanía.
En efecto, el año comenzó con el auspicio por parte del Sernatur de un festival nudista internacional promovido en una de las playas del litoral.
Más tarde, el Ministro de Salud declaró que se prohibirá a los centros de salud preguntar a los donantes de sangre sobre sus conductas de riesgo – lo cual obviamente someterá a los pacientes a una mayor posibilidad de contagio – y que se ampliarán las operaciones de cambio de sexo, todo lo que, lejos de favorecer el bien común del País, lo perjudican gravemente.
Posteriormente, el Ministro de Educación declaró, con relación a un manual de educación, que constituía un error el afirmar que la homosexualidad constituya un trastorno. Pocos días después, el mismo Ministro participó de la marcha organizada por el lobby homosexual, dejando claro que lo hacía en cuanto Ministro de Estado, es decir, con el beneplácito del Presidente.
Por su parte la Ministra de Bienes Nacionales declaró a una revista de circulación nacional que ella era favorable al matrimonio homosexual y a la adopción de hijos por parte de esas parejas. No hubo de parte del Ejecutivo desmentido ni desautorización a tales declaraciones.
Todas estas manifestaciones junto con la implementación de políticas públicas a favor de las relaciones homosexuales y contra la familia natural, van más allá de meras demostraciones de ser “políticamente correcto”. Ellas buscan imponer un cambio en la cultura y en las convicciones de la opinión nacional respecto a lo que debe ser la familia. [1]
Cabe entonces preguntarse si, en nombre de la no discriminación, corresponde al Estado implementar un cambio cultural del País, sobre todo afectando a fondo un aspecto tan vital cuanto es la formación de la Familia.
Al respecto, el Profesor Plinio Correa de Oliveira, fundador de la TFP del Brasil, declaró sobre similar situación en su nación: “En la medida en que la acción intencional del Estado procure ‘fabricar’ de modo artificial una cultura (…) es imposible que en su acción no se mezclen, como factores inseparables, el utopismo y el despotismo intervencionista, siempre presentes en la acción estatal cuando ella se entromete en lo que no le es propio”.
A esto precisamente estamos asistiendo con las referidas políticas de un Gobierno que – suprema contradicción – se afirma pro familia y que es encabezado por un Presidente que se declara católico.
Muchos de los electores se preguntarán, sin embargo, si no sería menos dañino que las políticas antifamilia fuesen impulsadas por Presidentes agnósticos y socialistas, pues al menos se estaría dentro de la lógica de los principios por ellos sustentados.
En otras palabras, podría ser peor un “amigo” cuestionable… que ejecuta el programa del adversario, que un Presidente adversario declarado de la familia.
Acción Familia
[1] Acción Familia escribió el libro “La Revolución cultural, un smog que envenena a la familia chilena” sobre este asunto que se encuentra a su disposición. Las tesis del libro, publicado en 2001, continúan con plena actualidad.

Lo peor no viene de parte de las autoridades políticas que ya sabemos que son liberales no son católicos no nos confundamos, lo peor es no oír por ninguna parte alzar la voz a las autoridades morales, al cardenal emérito Fco. Javier Errázuriz, el arzobispo de Santiago Ezzati, la conferencia episcopal de Chile y al clero en general, no condenar este gran lobby gay, y gritar a los cuatro vientos la única verdad de la cual deben ser depositarios.
No solo el asunto de los sodomitas, tambíén esta el hecho de las donaciones de órganos, sobre la cual en todos los medios de comunicación se repite a troche y moche, apoyado por las distintas declaraciones de las autoridades de gobierno y a lo menos con complicidad nuevamente de las autoridades de la IGLESIA. Para que no se mal entienda aclaremos que para que una persona sea donante de algún órgano el donante debe estar vivo, el donante no puede ser un cadáver, por lo tanto para salvar a una persona se debe matar a otra. NO basta con MUERTE CEREBRAL Si me equivoco que puede ser, no soy médico ni nada por el estilo, por favor corrígame y expliqueme para sacarme de error.
No es de extrañar que los funcionarios del estado chileno que están a favor de estas iniciativas sean víctimas de conductas sexuales extraviadas (¿ por qué no pensar que el tal cual ministro o ministra o subsecretario o jefe de alguna rama administrativa sea homosexual o lesbiana ?) Solución práctica para sacarse la espinita y seguir gobernando tranquilo es contar con este tipo de colaboradores porque eso, además de evitarse problemas, es políticamente correcto. Dicho de otro modo, es nuestra política la que se está degenerando, algo que por lo que vemos a diario en el Congreso, no nos debiera extrañar.
EL FIN ESTA CLARO EN TODA SOCIEDAD ACTUAL, SEA DEL COLOR QUE SEA: SON LAS PAUTAS DE LA GLOBALIZACION, DE ESTE BASTARDO GOBIERNO MUNDIAL. YO ME PREGUNTABA A CERCA DE LA VIDA QUE TUVO PIÑERA CUANDO VIVIO EN U.S.A. Y LOS CONTACTOS IMPORTANTES QUE TOMO PARA SU BIEN Y PARA EL BIEN DEL LOBBY GLOBAL. SON LAS DOS CARAS DE QUIENES SIRVEN A LA GLOBALIZACION. POR ESO HOY DA LO MISMO VOTAR POR QUIEN SEA, O MEJOR DICHO, VOTAR NULO POR AMOR A LA PATRIA Y PARA PODER PERMANECER EN PAZ CON DIOS.
Tratándose de un cambio muy importante en la sociedad y que sería contrario a la voluntad de la mayoría de los ciudadanos, ¿no convendrá juntar firmas para pedir que se haga un referendo al respecto?
Me da mucha pena el Presidente Piñera, que se declara católico, que va a visitar el papa en Roma, que habla de la defensa de la familia y luego claudica frente a una mafia que quiere imponer su “cultura” (que de cultura tiene sólo la primera sílaba de la palabra). Hay Que conseguir hacer un referendo, utilizando todos los medio legales, ya que el pueblo tiene derecho de opinar sobre temas tan trascendentes. El pueblo no le ha dado al poder legislativo la autorización para legislar sobre algo que no salió en los programas de los distintos partidos. Estos no son temas contingentes, de ordinaria administración, sino que se quiere imponer a los ciudadanos un cambio de cultura y de aspectos esenciales de la vida privada y pública.