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Armoniosa convivencia entre los Príncipes y el pueblo en Sigmaringen

La pequeña ciudad alemana de Sigmaringen se abriga junto al majestuoso castillo de los Hohenzollern, que se yergue en lo alto de una colina. Los cerca de 17 mil habitantes tratan a “su” Príncipe de “Alteza Serenísima”, en un ambiente de respeto mutuo. “El Príncipe es como un padre”, dice el ingeniero Manfred Niederdraeing, quien sin embargo manifiesta restricciones en relación a los nobles, pero que cree que “tienen una enorme ventaja: ellos piensan en generaciones, y no en periodo de elección”. Ute Korn-Amann, periodista local del “Schwäbischen Zeitung”, afirma: “No se puede concebir Sigmaringen sin príncipe, él simplemente le pertenece a Ella”. En la hora en que los políticos de todo tipo decepcionan, muchos sienten añoranzas del papel social y político de la nobleza.

De hecho una auténtica aristocracia debe encarnar las perfecciones a que está llamada la colectividad. En efecto, toda ciudad o región tiene como una especie de personalidad colectiva, que en cierto sentido vale más que la suma de las personalidades individuales. Esa “alma común” es, en el fondo, una síntesis de las perfecciones hacia las cuales tienden los individuos, las familias y las clases de esa ciudad o región. Ella es el producto colectivo de la marcha general rumbo a la perfección.

El aristócrata, mejor que los otros, representa a aquel conjunto en sus aspectos más altos, y constituye una encarnación de aquel lugar.

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12/04/2016 | Por | Categoría: Familia tradicional
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2 Comentarios to “Armoniosa convivencia entre los Príncipes y el pueblo en Sigmaringen”

  1. Monika dice:

    La Aristocracia proviene del Rey de Reyes, el Ungido de Dios y así todos los monarcas que reinaron con Justicia a través de los milenios de la Cristiandad.
    Sin ellos la humanidad ya hubiese caído en el averno.
    Tristemente en estos tiempos triunfa la Revolución, la diosa “democracia”, falsa y anticristiana.
    Si volviesen las Monarquías Católicas ¡cuánto bien, cuánto regocijo habría en nuestros corazones!
    Sin embargo cuántos ignoran los buenos frutos, los Santos y Principes y Papas que coronaron en tiempos pasados los hechos de magnamidad, virtuosismo y honor inquebrantable.

    ¡Sursuma Corda!

    Monika Zentner.

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