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Tener oídos para escuchar, y sobre todo alma

Este trecho de Alphonse Daudet, constituye un bonito ejemplo de como, así como hay que tener ojos para saber ver las cosas con todo su significado, lo mismo sucede con el oído. Y la cuestión de fondo está en tener alma para saber degustar, analizar y trascender de cuanto vemos y oímos. Son recuerdos de infancia de un niño, que tiene su habitación cercana a la Iglesia de Saint Germain en París:

“Yo tenía también las campanas de Saint Germain que me hacían su vista, varias veces en el día. Me gustaba mucho que ellas vinieran a verme. Ellas entraban ruidosamente por la ventana y llenaban la habitación de música. A veces los carillones alegres y locos precipitaban sus dobles corcheas, otras el lento toque de difuntos, negro y lúgubre, cuyas notas caían una a una como lágrimas.

Después yo tenía el Angelus: el Angelus del mediodía, un Arcángel vestido de sol que entraba en mi casa todo resplandeciente de luz; el Angelus del atardecer, un Serafín melancólico que descendía en un rayo de luna y refrescaba  toda la habitación sacudiendo sus grandes alas…”

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17/12/2016 | Por | Categoría: Ambientes Costumbres

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