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La gallardía es el armonioso complemento de la humildad

Porte varonil, de una fuerza llena de armonía y proporción, en que el vigor del cuerpo es como que penetrado y embebido por la presencia fuerte y luminosa de una gran alma. Trazos fisonómicos muy definidos, pero igualmente muy proporcionados.

¿Bello? Sin duda. Pero, por así decir, casi no se tiene tiempo de analizar la belleza física, pues la mirada profunda, seria, serena, pensativa, grave y suave al mismo tiempo, retiene toda la atención. Y esto a tal punto que casi no se puede prestar atención en nada más.

Es una mirada de pensador y de hombre de acción. Pensador que ve las cosas desde lo más alto de las cumbres de la Filosofía y de la Teología.

Hombre de acción que tiene la vista muy puesta en la realidad, que sabe ver a fondo las personas, las cosas, los hechos. Una nota de melancolía en la mirada, un qué de firme y enérgico en los labios, la actitud noble y altiva de toda su persona.

Las manos, que parecen hechas para el mando, hacen ver en este hombre extraordinario un luchador que no tiene ilusiones sobre el mundo: tomó definitivamente posición ante él, y está listo para todos los embates que la vida le presente. Todo esto se presenta iluminado por una sutileza de expresión y una aristocrática afabilidad que dejan entrever al hidalgo y al diplomático.

Tal fue la riquísima personalidad de aquel que en esta vida se llamó Rafael Merry del Val, Arzobispo titular de Nicea y que pasó a la Historia como el Secretario de Estado de San Pío X.

Oriundo de estirpe aristocrática, pues era hijo del Marqués Merry del Val y de la Condesa de Zulueta, en sus venas corría sangre ilustre de varios países de Europa: España, Inglaterra, Holanda.

Consagrándose al servicio de la Iglesia, al recibir las Sagradas Ordenes y la plenitud del Sacerdocio, no perdió nada de sus dotes naturales, antes bien las elevó.

Pues lo propio de la gracia es no destruir la naturaleza, sino elevarla y santificarla. Su sabiduría profunda brotaba de una fe ardiente, de una piedad admirable. Su fuerza era la expresión de un temperamento sobrenatural. Su dignidad era fruto de una alta conciencia del respeto que se debía a sí mismo por tantas razones naturales y principalmente sobrenaturales.

En una época en que un viento de vileza sopla sobre todo, y procura incluso tornar mediocre el Sacerdocio, preconizando un tipo de clérigo de apariencia mezquina, vulgarizado, secularizado, de acuerdo a la demagogia reinante, la noble figura del Cardenal Merry del Val se presenta como un admirable modelo de dignidad sobrenatural, que nos hace entender bien la dignidad inefable del Sacerdote en la Iglesia de Dios. Dignidad ésta que puede refulgir tanto en un Prelado como Rafael Merry del Val, cuanto en el más modesto cura párroco de aldea.

La altivez cristiana no es lo contrario de la humildad. Antes bien es su complemento armonioso.

El Secretario de Estado de San Pío X tenía un alma profundamente humilde, y a él se debe una de las más bellas páginas sobre la humildad cristiana.

En esta sección, en que confrontamos habitualmente dos imágenes contrastantes, comparamos hoy una fotografía con una oración.

Verán así nuestros lectores cómo en un corazón verdadera y sobrenaturalmente católico, la más alta dignidad coexiste con la más profunda humildad, a imitación de aquel Corazón Sagrado del cual la Iglesia nos dice que es, a un mismo tiempo, Manso y Humilde, y de una infinita Majestad.

Letanía de la Humildad

Compuesta por el Cardenal Merry del Val

Oh Jesús, manso y humilde de corazón, oídme

Del deseo de ser estimado, líbrame, Oh Jesús

del deseo de ser amado, ….

del deseo de ser conocido, …

del deseo de ser honrado, …

del deseo de ser alabado, …

del deseo de ser preferido, …

del deseo de ser consultado, …

del deseo de ser aprobado, …

Del recelo de ser humillado, líbrame, Oh Jesús

del recelo de ser despreciado, …

del recelo de sufrir rechazo, …

del recelo de ser calumniado, …

del recelo de ser olvidado, …

del recelo de ser ridiculizado, …

del recelo de ser difamado, …

del recelo de ser objeto de sospecha, …

Que los otros sean amados más que yo, Jesús dadme la gracia de desearlo

que los otros sean estimados más que yo, Jesús

que los otros puedan elevarse en la opinión del mundo y yo pueda ser disminuido, Jesús

que los otros puedan ser escogidos y yo puesto de lado, Jesús

que los otros puedan ser alabados y yo despreciado, Jesús

que los otros puedan ser preferidos a mí en todas las cosas, Jesús

que los otros puedan ser más santos que yo, aunque me torne santo cuanto sea posible, Jesús


 

Plinio Corrêa de Oliveira, in “Catolicismo” (Brasil) No 44, Agosto de 1954

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02/01/2017 | Por | Categoría: Ambientes Costumbres
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Un comentario to “La gallardía es el armonioso complemento de la humildad”

  1. Fernando Represas dice:

    Muchísimas gracias por ilustrarnos. Me emociona el artículo sobre el Cardenal Rafael Merry del Val. El asunto es que soy frecuente viajero al Vaticano desde hace muchos años. Me sorprendió ver al principio que los restos del personaje están en una zona que corresponde a los Papas. Me imaginé que era por importantes servicios prestados a la Santa Sede. Posteriormente llegaron a mis manos las Letanías a la Humildad que mucho aprecio y que comencé a rezar hace unos 8 ó 9 años, sin indicar quien era el autor. Ahora descubro, gracias a Acción Católica Chile, que el autor es el gran Cardenal Merry del Val, que fue Secretario de Estado del gran Papa San Pío X. Todos los días se aprende. Cordiales saludos.

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