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Pueblo y Masa (Podcast)

La reciente encuesta Nacional Bicentenario 2016, de la Pontificia Universidad Católica de Chile y GfK Adimark revela que han cambiado las preferencias del público ante el dilema esfuerzo individual versus esperarlo todo del Estado.

La encuesta informa en sus conclusiones que “se acrecienta la tendencia al alza en la valoración del rol del Estado como responsable del bienestar personal con mayor énfasis en la igualdad, la que tiene una valoración en aumento respecto del crecimiento económico”.

A lo anterior se suma que subieron 10% quienes opinan que la gratuidad en los estudios debe ser universal, para ricos y pobres.

Los grupos humanos que forman lo que comúnmente se conoce como “la masa”, o sea el rebaño de holgazanes apáticos manipulados por los demagogos de turno, que les prometen “pan y circo”.

Una consecuencia de esta mentalidad pedigüeña la vivimos las semanas pasadas por ocasión de la huelga ilegal de todos los servicios públicos.

Si Ud. nos preguntara quiénes perdieron con esta larga huelga, la respuesta es clara: todo el país. Los enfermos de los hospitales públicos; los que nacieron y los que murieron que no obtuvieron sus registros; los que se quisieron casar; los que quisieron salir de Chile; los que regresaron al País. En una palabra, el país real, el que trabaja con sacrificio y no pertenece a los autodenominados “movimientos sociales”.

Pero más allá de los perjuicios inmediatos, hay una consecuencia aún más negativa a largo plazo. Es la instalación de una mentalidad que lo espera todo del Estado y que considera que para alcanzarlo es lícito perjudicar el bien común, exigiéndolo a través de huelgas ilegales y violentas y de manifestaciones de protesta.

Cuando en un país decrece la convicción de que el triunfo depende de cada uno y crece la posición opuesta de los que todo esperan cómodamente del Estado, las condiciones para la decadencia nacional están instaladas en la sociedad, pues el resorte de cualquier avance y progreso, que consiste en el esfuerzo individual, está gastado.

Es probable que a esta altura de nuestro análisis Ud. nos pregunte, ¿Entonces, cómo salir de esta espiral descendiente?

La respuesta excede el espacio de este comentario. Sin embargo digamos sólo una palabra al respecto. La mentalidad descrita es la que caracteriza los grupos humanos que forman lo que comúnmente se conoce como “la masa”, o sea el rebaño de holgazanes apáticos manipulados por los demagogos de turno, que les prometen “pan y circo”.

Falta que se haga presente en el escenario nacional aquello que no es masa, sino fermento. O sea, quienes comprenden que, para el bienestar personal y familiar y para la prosperidad nacional, lo necesario es el sacrificio y la tenacidad individual. Así como la formación de una verdadera y auténtica élite nacional de ciudadanos emprendedores que con tesón, a través de varias generaciones, hacen grande un país, como el Chile que hoy conocemos.

Por detrás de los conflictos de las semanas pasadas, el verdadero enfrentamiento es entre estas dos mentalidades. De un lado, la mentalidad de la masa que todo lo exige y espera de arriba. Y del otro, la mentalidad de quienes, en cualquier nivel de la escala social en que se encuentran, saben que el progreso individual y colectivo depende sobre todo del esfuerzo individual y que, por eso, asumen sus responsabilidades y, antes de exigir derechos, reconocen sus propios deberes y cumplen con ellos.

En una famosa alocución del Papa Pío XII al Patriciado de Roma, es decir a las familias descendientes de aquellas que fundaron la Ciudad Eterna, el Vicario de Cristo les señalaba la diferencia que existe entre el auténtico pueblo y la masa, y describió la mentalidad que define uno y otra. Decía el Papa:

“Pueblo y multitud amorfa o, como suele decirse, masa, son dos conceptos diferentes. El pueblo vive y se mueve por vida propia; la masa es de por sí inerte y no puede ser movida sino desde fuera. El pueblo vive de la plenitud de vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuales —en su propio puesto y a su manera— es una persona consciente de sus propias responsabilidades y convicciones. La masa, por el contrario, espera el impulso del exterior, fácil juguete en las manos de cualquiera que sepa manejar sus instintos o sus impresiones, pronta para seguir alternadamente hoy esta bandera, mañana aquella otra”.

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La mentalidad que es necesaria inculcar en las generaciones jóvenes es la del auténtico pueblo no la de la masa: apreciar el esfuerzo individual y el cumplimiento de los deberes, antes de la exigencia de los derechos; preferir la paz de conciencia del sacrificio practicado con esfuerzo antes que el gozo inmediato de lo que se tiene o la codicia de lo que no se tiene; en una palabra la práctica de las virtudes cristianas sintetizadas en los 10 Mandamientos de la Ley de Dios.

Es esta la principal tarea de los padres de familia, de los profesores, de los apoderados y, en especial, de los sacerdotes y religiosos consagrados que se dedican a formar a las nuevas generaciones.

Es lo que enseña la exhortación apostólica Familiaris Consortio del Papa Juan Pablo II sobre la misión de educadores de los padres:

”Los padres son los primeros y principales educadores de sus propios hijos, y en este campo tienen incluso una competencia fundamental: son educadores por ser padres. Comparten su misión educativa con otras personas e instituciones, como la Iglesia y el Estado. Sin embargo, esto debe hacerse siempre aplicando correctamente el principio de subsidiariedad. Esto implica la legitimidad e incluso el deber de una ayuda a los padres, pero encuentra su límite intrínseco e insuperable en su derecho prevalente y en sus posibilidades efectivas. El principio de subsidiariedad, por tanto, se pone al servicio del amor de los padres, favoreciendo el bien del núcleo familiar”.

Por eso, si fallamos en esta formación de nuestros hijos, el futuro estará gravemente comprometido, pues a Chile le faltará la energía emprendedora, que es el elemento indispensable para el crecimiento de una nación.

Por el contrario, si nos esforzamos en inculcarla en ellos, comenzando por dar nosotros mismos un ejemplo de dedicación y de servicio generoso, entonces podremos mirar con confianza el futuro nacional.

Es lo que nos enseñó en su alocución el Papa Pío XII y que a raíz de los hechos ocurridos en estas semanas pasadas nos pareció oportuno conversar con Ud. estimado radioyente.

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24/11/2016 | Por | Categoría: Formación Católica
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