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Pascua de Resurrección

Luego que el alma de Nuestro Señor volvió a su cuerpo, El apareció a Nuestra Señora. ¿Cómo habrá sido ese encuentro?

Podríamos imaginar que se haya aparecido como un Señor esplendoroso -Rey, como nunca nadie fue ni será rey. O, por el contrario, con una sonrisa de acogida que recordaba su primera mirada en el portal de Belén.

¿Qué habrá comunicado a Ella en su mirada? ¿Qué habrá dicho Nuestra Señora, la criatura perfecta, viéndolo y amándolo enteramente? Esta fue la primera alabanza que Nuestro Señor recibió de su Madre después de la Resurrección.

Cuando las ciudades eran poco ruidosas, se oía al mediodía el repique de las campanas, celebrando la Resurrección. En las calles los niños quemaban muñecos de Judas.

Se cantaba Aleluya por todas partes. Las personas se saludaban, se distribuían huevos de Pascua. Las iglesias se llenaban, la liturgia tenía una gran pompa. Del dolor del Calvario nació la inmensa alegría de Pascua. La alegría verdadera, que no es hija del vicio, sino un fruto bendecido de la virtud.

Cuando Dios vuelve su rostro hacia los hombres, todo se torna más fácil, suave, alegre, brillante. En ese momento la gracia nos ilumina y nos sentimos otras personas.

Que el Divino Espíritu Santo, por los méritos de vuestra Resurrección, comuniqué a los que Os son fieles las fuerzas y el valor para congregar a los buenos y derrotar a los enemigos de vuestra Iglesia.

Que El renueve las almas, restaure las instituciones, las naciones y la Civilización Cristiana, Os lo pedimos por medio de Nuestra Señora, Mediadora Omnipotente y Co-redentora del género humano.

Fuente: Catolicismo, abril de 2003.

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12/04/2009 | Por | Categoría: Formación Católica

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