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Nunca deje de dar un buen consejo

Nunca deje de dar un buen consejo. La mayor parte de las veces, su loable acción le traerá frutos amargos: indiferencia, antipatía o incluso rebelión. Pues, en general, los consejos auténticamente buenos no son fáciles de seguir. Y la persona mediocre, a quien se muestra como única solución para el problema que le aflige un deber arduo a cumplir, o un esfuerzo penoso a realizar, se siente agredida.

Ahora según la Sagrada Escritura, el número de los necios es infinito. Y la mediocridad rebelada contra la grandeza del deber o de la lucha, no es sino una forma de necedad…

Entre tanto, en las pocas ocasiones en que el buen consejo es atendido, de él pueden brotar tales manantiales de agua viva que, a pesar de todo, es compensatoria la fidelidad al duro hábito de de dar buenos consejos.

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18/03/2017 | Por | Categoría: Destacados, Formación Católica
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