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¿Los chilenos somos felices?

Periódicamente renace la discusión sobre si los chilenos son felices. Esa cuestión nos parece estéril mientras no se defina qué es la felicidad.

“La felicidad es como la sombra: cuando se la persigue, ella huye de nosotros. Cuando le volvemos la espalda, ella nos sigue”, dice el refrán.

Esto quiere decir que la felicidad no puede ser buscada como un fin en sí, sino que ella es consecuencia de otras cosas.

¿Qué son esas cosas?

San Agustín, en sus famosas “Confesiones”, dice que nuestros corazones fueron hechos para Dios y que sólo encuentran su reposo en El.

Ese reposo del alma se produce cuando la persona busca desinteresadamente a Dios en todo lo que lo rodea: las criaturas fueron hechas a imagen de Dios y deben servirnos como peldaños para llegar a Dios.

La sociedad contemporánea, como la sociedad pagana, se basa en la satisfacción egoísta. Ella tiene posibilidades de durar en la medida en que la ilusión de una felicidad persiste

En la medida en que buscamos a las criaturas para nuestro deleite, ellas nos dejan un profundo vacío, una profunda infelicidad. Esta infelicidad nace de que las criaturas no pueden satisfacer nuestra ilimitada capacidad de amar.

La felicidad -en la medida en que se pueda encontrar en esta tierra- es el resultado de una inserción en el orden, es decir, en la medida en que nos adecuemos a la finalidad para la cual fuimos creados.

La felicidad se encuentra más en dar que en recibir.

La sociedad contemporánea, como la sociedad pagana, se basa en la satisfacción egoísta. Ella tiene posibilidades de durar en la medida en que la ilusión de una felicidad persiste. La juventud de hoy ya no cree en la felicidad que nos ha prometido la tecnología.

¿Encontrará la juventud su verdadero camino?

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28/09/2017 | Por | Categoría: Formación Católica
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Un comentario to “¿Los chilenos somos felices?”

  1. Maria de la Luz Alvarez Marin dice:

    La juventud encontrará su propio camino cuando conozca el por qué está en este mundo, cuál es su fin, por qué vive y para qué. Esas respuestas sólo las puede dar Dios y ahí está la responsabilidad de los católicos de hacer conocer el Evangelio, mostrar y vivir la FE. La juventud busca modelos a seguir y por eso hay que ser verdaderos ejemplos y no palabras huecas. En eso la Iglesia como madre no ha sabido llegar a la juventud porque se ha dedicado a otros menesteres y olvidando la evangelización .

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