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Parad y ved

Con un poco de exageración, podría decirse que sí. Murió en el alma metalizada de tantos millones de hombres. Murió hasta en ciertos pesebres. Sí, en los pesebres progresistas, que nos exhiben la Sagrada Familia con los trazos y la fisonomía desfigurados por el arte moderno, y con connotaciones que inducen a la revolución social.

Pero si hay alguna exageración en decir que la Navidad murió, es verdad que ella aún conserva algunos destellos de vida. Vayamos en busca de ellos.

Los encontraremos ante todo -y abundantes- en el propio hecho de ser día de Navidad. Cada fiesta del calendario litúrgico trae consigo una efusión de gracias peculiares. Quieran o no quieran los hombres, la gracia llama a las puertas del alma más dulce, más suave, más insistente, en estos días de Navidad. Se diría que, a pesar de todo, flota en el aire una luz, una paz, un aliento, una fuerza de idealismo y dedicación que es difícil no percibir.

Además, en innumerables iglesias, en muchos hogares, el pesebre auténtico aún nos muestra la imagen del Niño Dios, que vino para romper las cadenas de la muerte, para aplastar el pecado, para perdonar, para regenerar, para abrir a los hombres nuevos e ilimitados horizontes de fe y de ideal, nuevas e ilimitadas posibilidades de virtud y de bien.

Dios aquí está, acogedor y a nuestro alcance, hecho hombre como nosotros, teniendo junto de sí a la Madre perfecta.

Virgen Blanca de Toledo
Virgen Blanca de Toledo
Madre suya, pero también nuestra. Por medio de Ella, hasta los peores pecadores todo pueden pedir y esperar.

Allí también está San José, el varón sublime que reúne en sí la maravillosa antítesis de las más diferentes cualidades. Es Príncipe de la Casa de David y es también carpintero. Es defensor intrépido de la Sagrada Familia. Pero, al mismo tiempo, es padre tiernísimo y esposo lleno de afecto. Esposo perfecto, es sin embargo el esposo castísimo de Aquella que fue siempre Virgen. Padre verdadero, empero, no fue padre según la carne. Modelo de todos los guerreros, de todos los príncipes, de todos los sabios y todos los trabajadores que la Iglesia engendraría en esta tierra para el Cielo, él no fue principalmente nada de esto. Sus títulos más altos son dos: padre de Jesús, esposo de María. Títulos pequeños e inmensos, que al mismo tiempo, paradójica mente, pulverizan y comunican vida, nobleza y esplendor a todos los títulos de la Tierra.

Los pastores allí se presentan en amable intimidad con sus animales así como con Nuestra Señora, San José y el propio Niño Jesús. Es la imagen conmovedora del Dios excelso, que lleva la irradiación de su grandeza hasta el extremo de tocar y elevar hasta lo que hay de más humilde y pequeño entre los hombres. Y que, no contento con esto, atrae y cubre de bendiciones hasta las criaturas irracionales.

Al contemplar esto, nuestras almas crispadas se distienden. Nuestros egoísmos se desarman. La paz penetra en nosotros y en torno de nosotros. Sentimos que en nuestro prójimo algo también está ennoblecido y dulcificado. Florecen los dones del alma. El don del afecto. El don del perdón. Y, como símbolo, el ofrecimiento delicado y desinteresado de algún regalo.

Para que nada falte, el hermano cuerpo “como decía San Francisco” también tiene su parte en la alegría. Hecha la oración ante el pesebre, todos se sientan a la misma mesa. Se come sin glotonería. Se bebe sin embriaguez. Es la fiesta en que brilla la alegría de tener fe, de tener virtud, de haber realizado de modo sacro todas las acciones.

¿Alegría de Navidad? Sí. Pero mucho más que eso. Alegría de los 365 días del año, para el católico verdadero. Pues en el alma en la que, por la gracia, habita el Salvador, esa alegría dura siempre y jamás se apaga. Ni el dolor, ni la lucha, ni la enfermedad, ni la muerte, la eliminan. Es la alegría de la fe y de lo sobrenatural. La alegría del orden sacral.

“¡Oh! vosotros todos que pasáis por el camino, parad y ved si hay un dolor semejante a mi dolor”, exclamó Isaías Profeta, anteviendo la Pasión del Salvador y la compasión de María.

Pero él también podría haber dicho, profetizando las alegrías cristianas perennes e indestructibles que la Navidad lleva a su auge: ¡Oh! vosotros que pasáis por el camino, parad y ved si hay alegría semejante a la mía. ¡Oh! vosotros que vivís voluptuosamente para el oro, ¡oh! vosotros que vivís tontamente para la vanagloria. ¡oh! vosotros que vivís torpemente para la sensualidad, ¡oh! vosotros que vivís diabólicamente para la rebeldía y para el crimen: parad y ved a las almas verdaderamente católicas, iluminadas por la alegría de la Navidad: ¿qué es vuestra alegría comparada con la de ellas?

No veáis en estas palabras provocación, ni desdén. Ellas son mucho más que esto.

Son una invitación a la Navidad perenne que es la vida del verdadero fiel: Christianus alter Christus- el cristiano es un otro Jesucristo.

No, no hay alegría igual. Aún cuando el católico esté, como Jesucristo Nuestro Señor, clavado en la cruz…

(Artículo publicado en La Folha de São Paulo, 27 de Diciembre de 1970)

21 dic 2010 | por Acción Familia | Tema: Destacados, Fiestas religiosas

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    7 comentarios
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    1. Les envío un gran saludo, gracias por éstas publicaciones del Dr. Plinio
      que me son muy gratas de leer, ya que soy una ferviente admiradora
      de sus obras. Con mucha fé y una gran caridad y por supuesto con toda
      la formación valórica que uds. entregan, “hay que intentar” vivir la Navidad,
      de antaño, sin contagiarse con el consumismo y el de regalar por regalar.
      Parad y ved, este próximo 24, en la Santa Misa de Nochebuena, que Jesús
      el Hijo de María Santísima se nos regala, ¡qué mejor obsequio! Que nadie se
      quede sin salir a recibirlo…
      Y un Santo año 2008, para uds.

    2. Es una reflexión que llega hasta el fondo de nuestras almas. En una época consumista, para muchos es difícil mantener el verdadero espíritu de la Navidad, el espíritu de Paz y de Amor, pero nosotros los católicos debemos luchar y ser ejemplo para los demás de una verdadera Navidad.
      Dios los bendiga
      Elsa

    3. gracias por cumplir la mision que debe ser de todo católico de dar a la Navidad su verdadero significado . Continuen esa increible labor de recordarnos lo que es nuestra fé. Feliz Navidad

    4. Muchas gracias por mantener viva la esperanza de la verdadera Navidad! Sigan trabajando con ahinco y vocacion de servicio.
      Feliz navidad!!
      M. Beatriz

    5. Comparto plenamente esta reflexión. Es verdad que casi no hay libertad para no comprar y hacer regalos en este tiempo que es OTRA COSA…
      Se requiere una voluntad fundada en la Esperanza y la Fe para no regalar y para no dejarse invadir por un vértigo ambiental que roba la Paz verdadera.
      Gracias por el artículo que es un estímulo y un ánimo a la Esperanza y la Fe en este Señor que nos ama sin condiciones.

    6. En verdad esta reflexión ha sido un gran aporte. Para mí, al menos, que libro año a año la lucha entre vivir la auténtica alegría de la Navidad y la vorágine de actividades y materialismo en el cual uno se enreda.
      Feliz Navidad,
      Rebeca G.

    7. Les estoy muy agradecida por tan importante envio, Accion Familia, contribuye al mejoramiento de nuestra formación, es muy importante, buena, maravillosa, sigan asi, cosechando exitos.
      Dios los bendiga hoy, mañana y siempre.
      Dalia Guerrero Quintero

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