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La Fe de la Virgen

Acción Familia 17 Diciembre 2005

La Santísima Virgen tuvo en la Tierra más fe que todos los hombres y todos los ángeles juntos. Su fe estuvo sometida a una triple prueba: La prueba de lo invisible, la prueba de lo incomprensible y la prueba de las apariencias contradictorias.

Ella superó esa triple prueba del modo más heroico.

En efecto vio a su Hijo en el establo de Belén y creyó que era el Creador del Universo.

Lo vio huir del Rey Herodes y no dejó de creer que era el Rey de los Reyes.

Lo vio nacer en el tiempo y creyó que era Eterno.

Lo vio niño y creyó que era Inmenso.

Lo vio pobre, necesitado de alimentos y de ropa, y creyó que era Señor del Universo; lo vio débil, llorando sobre el heno y creyó que era Omnipotente.

Lo vio, finalmente, maltratado y crucificado, morir sobre el más ignominioso patíbulo, y creyó siempre en su Divinidad.

Mientras los otros vacilaban en la fe, Ella permaneció siempre firme, no vaciló jamás.

(Cf. P. Gabriel María Roschini, O.S.M. «Instrucciones Marianas», Ediciones Paulinas, São Paulo, 1960, p.162)

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La Fe de la Virgen

2 Respuestas a “La Fe de la Virgen”

  1. Luis E. Ulloa Rosasel 17 Ago 2008 a las 14:52

    Quizá si la respuesta a la búsqueda de esa fidelidad -tan necesaria para el encuentro de la eternidad al lado del Padre- sólo podamos encontrarla en reconocer la misteriosa contradicción que envuelve nuestra condición de Hijos de Dios: por una parte tan pequeños y necesitados de su amor, de su abrazo protector y de su mirada dulce y siempre miseriocordiosa; y, por otra, expresión de la libertad y de la fuerza divinas de la creación de que somos depositarios (hechos “a imagen y semejanza del Padre”) que nos dan el poder de envolver de luz nuestras vidas y de irradiarla como apóstoles en medio de las penumbras a que nos atraen los ataques del enemigo. Como nuestra Madre: silenciosa, humilde y “fiel”; pero venciendo, con dulces lágrimas a los pies de su Hijo, derrotando la oscuridad más inmensa.

  2. Luis E. Ulloa Rosasel 16 Ago 2007 a las 12:54

    Cuanto bien nos hace la reflexión íntima y profunda acerca de la grandeza de la fidelidad de nuestra Madre. Sin cuestionamientos, sin dudas, aún en la oscuridad de la noche más intensa: ¿Cómo cultivar y hacer florecer, sin flaquear y sin desfallecer, esa disposición inevitable y única posible para los Hijos del Padre?

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