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En las tinieblas del paganismo, nacía un mundo nuevo

…no puedo dejar de notar que esos pastores y esos rebaños y esas tinieblas hacen recordar la situación del mundo el día de la primera Navidad.

Numerosas fuentes históricas de aquel tiempo ya lejano nos relatan que se había apoderado de muchos hombres la sensación de que el mundo había llegado a un fracaso irremediable, de que una maraña inextricable de problemas fatales les cerraba el camino, de que estaban en una postración, más allá de la cual sólo se divisaba el caos y la aniquilación.

Mirando hacia el camino recorrido por la humanidad desde los primeros días hasta entonces, los hombres podían sentir una comprensible ufanía. Estaban en un auge de cultura, de riqueza y de poder. Cuánto distaban las grandes naciones de aquel Año Uno de nuestra era —y más que todas, el super Estado Romano— de las tribus primitivas que vagaban por las llanuras, entregadas a la barbarie y azotadas por factores adversos de todo orden. Poco a poco, habían surgido las naciones. Ellas habían tomado fisonomía propia, engendrando culturas típicas, creando instituciones inteligentes y prácticas, trazando caminos, iniciando la navegación y difundiendo por todas partes, tanto los productos de la tierra cuanto los de la industria naciente. Abusos y desórdenes, los había, por cierto. Pero los hombres no los notaban completamente. Pues cada generación sufre de una insensibilidad sorprendente para con los males de su tiempo.

Lo más crucial de la situación en que se encontraba el Mundo Antiguo no estaba pues, en que los hombres no tuviesen lo que querían. Consistía en que grosso modo disponían de lo que deseaban, pero después de haber hecho laboriosamente la adquisición de esos instrumentos de felicidad, no sabían qué hacer con ellos. De hecho, todo cuanto habían deseado a lo largo de tanto tiempo y de tantos esfuerzos, les dejaba en el alma un terrible vacío. Más aún, no raras veces los atormentaba. Pues el poder y la riqueza de los que no se sabe sacar provecho, sirven tan sólo para dar trabajo y producir aflicción.

Así, alrededor de ellos todo era tinieblas. —Y en esas tinieblas…

En el Mundo Antiguo, entre los millones de personas aplastadas por el peso de la cultura y de la opulencia inútiles, había hombres elegidos que percibían toda la densidad de las tinieblas, toda la corrupción de las costumbres, toda la ilegitimidad del orden, todos los riesgos que rondaban alrededor de la humanidad, y sobre todo el non sense al que conducían las civilizaciones basadas en la idolatría.

Había también algunas almas de elección, que no eran necesariamente personas de una instrucción o de una inteligencia privilegiada. Pues la lucidez para percibir los grandes horizontes, las grandes crisis y las grandes soluciones, vienen menos de la penetración de la inteligencia que de la rectitud de alma. Se daban cuenta de la situación los hombres rectos, para los cuales la verdad es la verdad y el error es el error. Las almas que no pactan con los desmanes del tiempo, acobardadas por la risa o por la lenta inmolación con que el mundo cerca a los inconformes. Eran almas de ese quilate, raras y un tanto esparcidas por todas partes, entre señores y siervos, ancianos y niños, sabios y analfabetos, que vigilaban en la noche, oraban, luchaban y esperaban la Salvación.

Ésta comenzó a llegar para los pastores fieles. Pero, transcurrido todo cuanto el Evangelio nos cuenta, sobrepasó los exiguos confines de Israel y se presentó como una gran luz para todos los que en el mundo entero rechazan como solución la fuga en la orgía o en el sueño estúpido y muelle. Cuando vírgenes, niños y ancianos, centuriones, senadores y filósofos, esclavos, viudas y potentados comenzaron a convertirse estúpido y muelle. Cuando vírgenes, niños y ancianos, centuriones, senadores y filósofos, esclavos, viudas y potentados comenzaron a convertirse…

El viejo mundo adorador de la carne, del oro y de los ídolos moría. Un mundo nuevo nacía basado en la Fe, en la pureza, en la probidad, en la esperanza del Cielo.

Plinio Corrêa de Oliveira, in Folha de São Paulo, 26 de diciembre de 1971 (Extractos)

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18/12/2015 | Por | Categoría: Fiestas religiosas
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