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El león de Münster: un verdadero pastor

El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas. (San Juan 10)

Noble de alma y de sangre, el Bienaventurado Don Clemens August von Galen (1878-1946) no tuvo dudas en defender los altos intereses de la Iglesia Católica y de los fieles, denunciando la eutanasia, la imposición de costumbres y morales; los cultos a la naturaleza y a la raza; y la negación del derecho de propiedad, promovidos por el régimen nazi.

Veremos algunos fragmentos de sus célebres sermones, que mantienen su actualidad en nuestros días, dominados por una ola de neopaganismo materialista.

“Yo grito: ¡exigimos justicia!”

El Sábado 12 de julio de 1941, el Obispo recibe la comunicación que las casas de las jesuitas que se encontraban en Königstrasse y en Haus Sentmaring habían sido ocupadas. Con el avance de la guerra, los jefes supremos del partido intensificaron el secuestro de bienes de las confesiones cristianas, y exactamente en los días en que Münster sufrió daños en razón de los bombardeos, la Gestapo empezó a deportar sistemáticamente a los religiosos, a ocupar y confiscar conventos. Los religiosos y las religiosas, fueron insultados y expulsados. El obispo actuó inmediatamente. Enfrentó personalmente a los hombres de la Gestapo, acusándolos de ejercer “un papel infame y vergonzoso”, y llamándolos “ladrones y bandoleros”.

Dada la situación, comprendió que había llegado el momento de expresarse públicamente. Estaba dispuesto a asumir todo sobre sí, por Dios y por la Iglesia, aunque eso pudiera costarle la vida. Al día siguiente, después de preparar con cuidado su homilía, subió al púlpito para llamar las cosas por su nombre.

“Ninguno de nosotros está seguro. Aunque en su conciencia sea el ciudadano más honesto, ninguno está seguro de no ser un día secuestrado de su residencia, expoliado de su libertad, remitido a los campos de concentración de la policía secreta de Estado. Estoy consciente de que esto puede sucederme hoy mismo… “(CA Graf von Galen, Un Obispo indeseable, op. cit. p. 122). No dudó en desenmascarar ante todos como viles las intenciones de la Gestapo, considerándola responsable de todas las violaciones de la más elemental justicia social:

“El comportamiento o de la Gestapo trae graves perjuicios a partes muy grandes de la población alemana. (…) En nombre del pueblo alemán honesto, en nombre de la majestad de la justicia, en interés de la paz, (…) elevo mi voz en la calidad de alemán, de ciudadano honrado, de ministro de la religión católica, de Obispo católico, y grito: ¡exigimos justicia. (id., ibid., p. 122).

Denunció con ardor cada uno de los “actos infames” y los abusos de que tuvo conocimiento. “Los hombres y las mujeres”, recuerda un testigo, “se pusieron de pie, y se oyeron voces de aprobación, de horror y de indignación, cosa generalmente impensable entre nosotros, en la iglesia. Vi personas que estallaron en llanto”. (Positio super virtutibus beatificationis et canonizationis servi Dei Clementis Augustini von Galen, vol. I, Summarium, p. 418).

En el segundo sermón, el 20 de junio, la iglesia de Nuestra Señora de Münster estaba abarrotada. La persona venían desde lejos para oírlo. Von Galen, una vez más, denunció la locura del proyecto buscado por el poder, que llevaría al país a la miseria y a la ruina, y volvió a denunciar:

“¡Dios sea alabado! Hace varios días, que ningún ataque aéreo convulsionó nuestra ciudad. Desgraciadamente, debo declararlo, no se dio lo mismo en relación a los ataques de nuestros enemigos internos.

“Como había oficialmente denunciado en el último domingo, la Gestapo (policía secreta nazi) cometió una infamia flagrante al disolver la congregación del convento Wilkinghege y la casa de los jesuitas de Münster, confiscando sus bienes ‒muebles e inmuebles‒, lanzando sus habitantes a la calle y expulsándolos de su patria. La administración regional (Gauleitung) confiscó del mismo modo el convento de Nuestra Señora de Lourdes, localizado en la Frauenstrasse. En ese mismo día, domingo 13 de junio, la Gestapo ocupó el colegio San Camilo. Después, el día 15 de junio, los benedictinos de la Abadía de la Adoración perpetua de Vinnenberg fueron expulsados de su provincia. El día 17, fueron las religiosas de la Santa Cruz de Aspel, cerca de Rees; fue necesario que ellas abandonasen no sólo su propiedad, sino que dejaran la circunscripción de Rees.

“Sin la caridad cristiana, estos infelices, estos hombres y estas mujeres sin abrigo, habrían sido entregados al hambre y a las intemperies.

“Tales vías de hecho, contrarias a cualquier espíritu caballeresco y que sólo puede provenir de un odio profundo contra la Religión cristiana y la Iglesia Católica, tienen por efecto el sabotaje y la destrucción de la cohesión nacional.

“No, ninguna comunión de pensamientos o de sentimientos es posible entre yo y ellos y todos los que participan en sus responsabilidades.

“Así, conforme nos recomendó nuestro Salvador, estamos decididos a rezar por todos los que nos persiguen y nos calumnian, pero rechazo cualquier acuerdo con ellos mientras continúen despojando a los inocentes de sus bienes, a expulsarlos o a internarlos.

“Obviamente, nosotros, cristianos, no haremos una revolución. Continuaremos cumpliendo nuestro deber en obediencia a Dios y por amor a nuestra patria y a nuestros compatriotas.

“Vemos claramente y tenemos experiencia de lo que esconde la nueva doctrina [del Partido Nacionalsocialista], esta que nos es impuesta hace varios años, en nombre de la cual la religión ha sido prohibida en las escuelas, nuestras asociaciones son oprimidas y los jardines de infancia católicos suprimidos: un odio insondable al Cristianismo, que se desea exterminar.

“Padres cristianos, debéis preocuparos de todo esto, si no queréis faltar a vuestros más sagrados deberes, si queréis tener la conciencia en paz y subsistir ante Quien os ha confiado a estos niños, para que por vosotros sean conducidos en los caminos de Dios.

“¡Obedecer a Dios antes que a los hombres! Dios se dirige a cada uno de nosotros a través de la conciencia formada por la fe. Obedezcamos siempre y sin vacilación a la voz de nuestra conciencia, sigamos el ejemplo de aquel Ministro de Justicia prusiano, de Federico el Grande, el cual pidió que anulara un juicio que había hecho, dentro de toda legalidad, y que modificara su veredicto, atendiendo a los deseos del soberano. Este caballero dio la siguiente magnífica respuesta: ‘Mi cabeza está a disposición de Vuestra Majestad, no mi conciencia’ ¿Desaparecieron los hombres de ese temple, que defendían a toda costa sus convicciones? Yo no puedo ni quiero creer que esto haya sucedido. ¡Antes morir que pecar! Que la gracia de Dios, sin la cual nada podemos, nos proporcione ‒a vosotros y a mí‒ esta firmeza inquebrantable y en ella nos mantenga “.

Los nazis reemplazan al Dios verdadero por ídolos

Pero fue el tercer sermón que, por la virulencia de las palabras, fue juzgado por el Ministerio de Propaganda “el ataque frontal más fuerte contra el nazismo en todos los años de su existencia”.

El Obispo tomó conocimiento personal del plan de exterminio de los discapacitados, de los ancianos, de los enfermos mentales y de los niños paralíticos en los sanatorios de Westfalia. El plan era mantenido en secreto por los nazis. Comenta un testigo (Positio…., vol. I, Summarium, p. 422): “Sólo quien experimentó el tiempo de la dictadura nazi puede medir el significado de las siguientes palabras que un Obispo se atrevió a pronunciar”, el día 3 de agosto de 1941, en la iglesia de Nuestra Señora de Münster:

“¡Cuánto no se observa hasta aquí, en Münster, de impúdico y de vil! A qué despudor en los trajes los jóvenes están obligados a habituarse: ¡es la preparación de adúlteros futuros! Se destruye el pudor, esta muralla de la castidad.

“¿Cómo creer que es posible mantener un respeto sincero y una obediencia escrupulosa hacia las autoridades del Estado, si se sigue violando los mandamientos de Dios, a combatirlos, a intentar exterminar la fe en Dios, el Señor del cielo y de la tierra?

“En lugar del único Dios verdadero, Eterno, se inventan y veneran ídolos a su antojo: la naturaleza, el Estado, el pueblo, la raza. Y numerosos son aquellos cuyo verdadero dios es ‘el vientre’, para retomar la expresión empleada por San Pablo en su epístola a los Filipenses (3,19) ‒, es decir, el bienestar personal, al que sacrifican todo, hasta el honor y la conciencia; el placer de los sentidos, la ebriedad con el dinero, con el poder. A continuación, buscan auto atribuirse derechos divinos, como la audacia de decirse con derecho de vida y de muerte en relación a sus semejantes.

“Jesús llora, llora por este pecado abominable y por el castigo inevitable. Dios no permite que se burlen de Él impunemente.

“Queremos evitar cualquier relación con quien persiste en desafiar al Tribunal de Dios. Queremos sustraernos, a nosotros y a los nuestros, a la influencia de quienes hacen causa común con los que desvían nuestra juventud del Cristianismo, que expropian a nuestros religiosos, que envían seres inocentes a la muerte. No queremos ser contaminados por sus pensamientos y sus actitudes contrarias a la Voluntad divina, a fin de no volvernos cómplices e incurrir, por causa de esto, en el castigo que Dios, en su justicia, debe infligir e infligir a todos los que, semejantes a la ingrata ciudad de Jerusalén, no quieren lo que Dios quiere.

“Oh Jesús, Sagrado Corazón, afligido hasta las lágrimas por la ceguera y por las iniquidades de los hombres, ayúdanos por tu gracia, para que busquemos siempre lo que te es agradable y renunciemos a lo que te desagrada, a fin de que guardemos vuestro amor y encontramos la paz de nuestras almas, Amén.”

* * * *

Los sermones tuvieron enorme difusión y luego dieron la vuelta al mundo. Fueron impresos y leídos en todas partes. Llegaron hasta los soldados en el frente. Basta decir que las personas codiciaban a tal punto poseerlos que los sermones se usaban como moneda de cambio por mercancías. El pueblo alemán, cristiano y no cristiano, los oía con enorme gratitud. Por la documentación encontrada entre los restos de Berlín, se ve que en el invierno de 1941-1942 muchos judíos fueron arrestados por la Gestapo por la difusión de los “sermones subversivos” del obispo de Münster (nota: acerca de la relación del obispo de Münster con los judíos, consultar las biografías de Von Galen: Max Bierbaum, Nicht Lob nicht Furcht, Münster, 1974; Joachim Kuropka, Clemens August Graf von Galen. Neue Forschungen zum Leben und Wirken des Bischofs von Münster, Münster, 1992).

Por esos discursos, todos pensaban, incluso el Obispo, que dentro de poco él vendría a ser ajusticiado. El jefe de las organizaciones juveniles de la SS publicó esta declaración: “Lo llamo el cerdo C. A., es decir, Clemens August. Este alto traidor y traidor del país, ese cerdo está libre y usa la libertad para hablar contra el Führer. Debe ser ahorcado” (R. A. Graham, “Il ‘Diritto di uccidere’ nel Terzo Reich – Preludio al genocidio”, in: La Civiltà Cattolica, 15 de marzo de 1975, vol. I, p. 154). Sin embargo, eso no sucedió.

El “caso Von Galen” fue minuciosamente discutido por el Ministerio de Propaganda y en la Cancillería del partido. Hasta el “delfín” de Hitler, Martin Bormann, quería ahorcarlo. Pero el ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, aconsejó al Führer que aplazara su ejecución, por cálculos de oportunidad política. La táctica del régimen era no hacer de él un mártir, y matarlo significaría perder el consenso de parte de la población, particularmente de los soldados en el frente. Los nazis aplazaban, así, “el arreglo de cuentas” con Von Galen para después de la “victoria final”. Sólo entonces, declaró Hitler el 4 de julio de 1942, se arreglarían las cuentas con él, “hasta el último centavo”.

El hermano de Von Galen, conde Franz, da este testimonio: “Aunque no haya sido arrestado, mi hermano seguía siendo expuesto a los ataques, a los abusos y a las injurias de los enemigos de la Iglesia. Conservó, sin embargo, su postura erguida y continuó anunciando la verdad intrépidamente. Un día, le pregunté qué teníamos que hacer si fuera arrestado. ‘Nada’, fue su respuesta. ‘San Pablo también quedó preso por muchos años y el Señor no tenía miedo de que los paganos no se convirtieran por algún tiempo’. Él me decía que las fuerzas diabólicas habían entrado en acción, pero recordaba también las palabras consoladoras del Señor: las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia “(Positio, op. cit., vol. I, Summarium, página 65).

Fuentes de referencia: Catolicismo, abril de 1997 y 30 días, número 08, 2004.

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22/03/2018 | Por | Categoría: Formación Católica

Un comentario to “El león de Münster: un verdadero pastor”

  1. Paolo Scaratti dice:

    ¿ Por qué se habrán extinguido estos leones?
    ¡Hasta desde el Vaticano se invita a los fieles a convivir fraternalmente con los lobos rapaces!

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