Los Héroes de La Concepción, una valentía a imitar (Podcast) | Acción Familia
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Los Héroes de La Concepción, una valentía a imitar (Podcast)

El Capitán Ignacio Carrera Pinto, oficial que lideró la heroica resistencia

Fueron un 9 y 10 de julio de 1882 en que 77 jóvenes, al mando del Capitán Ignacio Carrera Pinto, entregaron el mayor ejemplo de amor a la Patria. En completa inferioridad numérica, resistieron heroicamente en el Combate de La Concepción, ofrendando sus vidas por un ideal superior.

Nos parece importante recordar para nuestros radioyentes un relato de lo que fue esta batalla de La Concepción. Fecha que el Ejército recuerda también todos los años a través del juramento que, los días 9 de julio, realizan los conscriptos de servir a la Patria y morir por ella si necesario fuera.

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Corrían los últimos tiempos de la Guerra del Pacífico, y el poblado de La Concepción constituía el punto más débil de la línea chilena pues se encontraba rodeada por las tropas y montoneras del General Avelino Cáceres, quien planeaba un ataque de gran envergadura.

De acuerdo con la orden recibida, el 6 de julio de 1882, la 4ª Compañía del Batallón Chacabuco 6º de Línea, al mando del Capitán Ignacio Carrera Pinto, ocupaba el pueblecito de La Concepción, tomando posesión de la plaza central de la aldea. Integraban la pequeña unidad los Subtenientes Arturo Pérez Canto, Julio Montt Salamanca, Luis Cruz Martínez, 73 soldados, de los cuales 9 estaban convalecientes de tifus. En total, sumaban 77 almas. Por su parte, las tropas enemigas, estaban al mando del Coronel Juan Gastó, y se componían de 300 soldados de línea y alrededor de 1.500 indios.

Ante la inferioridad numérica el oficial peruano les ofreció una rendición incondicional. A lo cual Ignacio Carrera respondió con noble ufanía:

“En la capital de Chile y en uno de sus principales paseos públicos existe inmortalizada en bronce la estatua del prócer de nuestra independencia, el general José Miguel Carrera, cuya misma sangre corre por mis venas, por cuya razón comprenderá usted que ni como chileno ni como descendiente de aquél deben intimidarme ni el número de sus tropas ni las amenazas de rigor. Dios guarde a usted”.

El héroe de la Patria invocaba así a su propia familia. Siendo nieto de José Miguel Carrera, él debía realizar una resistencia contra toda esperanza. Su actitud demuestra bien, cuanto los ideales de Patria y Familia son inseparables.

Pero continuemos con la narración: El Capitán Carrera Pinto ordenó entonces a los Subtenientes Pérez Canto y Cruz Martínez, que se prepararan para el combate-

“Tengo la certeza que el enemigo proyecta un asalto a este pueblo, hoy, después del mediodía”- les dijo.

Él confiaba poder resistir el ataque adversario, hasta que llegara el grueso del contingente chileno y provocara un vuelco en este desigual combate. El bravío Capitán chileno, ya tenía claro el escenario del enfrentamiento-

“Resistiremos dentro del espacio de esta plaza hasta que llegue la División del General Del Canto”- explicó.

Todos lucharían, incluso el Subteniente Montt, que en precarias condiciones físicas a causa de un tifus, exigía su puesto de combate. Carrera Pinto, a su vez, ya había planeado que si no se podía resistir el choque inicial, la alternativa era replegarse ordenadamente sobre el cuartel. Cada uno se fue a sus puestos de combate, luego de un vigoroso ¡Viva Chile!

Después de varios intentos de ataque y durando la resistencia más de 15 horas, fueron cayendo todos los chilenos, entre los cuales el Capitán Carrera Pinto.

Finalmente se desencadenó uno de los últimos ataques, en el que avanzaron mezclados montoneros, soldados e indios. Pérez Canto que aún sobrevivía, ordenó a sus hombres: “¡Al ataque, valientes del Chacabuco!”. En ese mismo instante, cayó Pérez Canto y cuatro de sus valientes.

El último oficial, Luis Cruz Martínez de apenas 16 años y cuatro sobrevivientes se replegaron. “Mi Subteniente, terminemos de una vez”- dijo uno de los soldados y sus compañeros aprobaron con ademanes resueltos. El fin estaba cerca, el Subteniente Luis Cruz Martínez les ordenó a sus hombres ajustarse los barboquejos de los quepis y ordenarse las guerreras para morir con los pendones de la patria bien puestos.

-¡Chilenos, ríndanse! ¡Ríndanse y les perdonamos la vida! Gritaron los peruanos…

-¡Señores, los chilenos no se rinden nunca! El Subteniente se volvió a sus soldados y les ordenó vigorosamente: -¡Soldados del Chacabuco, a la carga!

Los cinco hombres aferraron sus fusiles, nivelaron sus bayonetas a la altura del pecho y se precipitaron a la carrera. En el transcurso de unos pocos segundos, todo combate había desaparecido.

El General Del Canto llegó una hora después de la batalla. Al arribar pudo contemplar que el desolador espectáculo que ofrecía la plaza y las ruinas del que había sido el cuartel de la 4ª Compañía del Chacabuco. Los triunfadores se habían ensañado contra los cuerpos de las víctimas y varios de ellos habían sido decapitados.

Del Canto, guardó los corazones de esos valientes soldados que hoy reposan en la Catedral de Santiago, como fiel testimonio del heroísmo de que es capaz el alma de un joven cuando ha sido formada en las nociones de moral, de familia, y del deber hasta las últimas consecuencias.

La Bandera que flameaba en lo alto del campanario de la Iglesia de La Concepción, también fue guardada como preciosa reliquia de aquella batalla que pasó a la historia como la más heroica del Ejército chileno.

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Nos parece justo rendir un homenaje a estos héroes, pues ellos recientemente fueron objeto de un último atentado en la Catedral de Santiago.

Sí, exactamente hace unos años atrás, un 26 de julio, Fiesta del Apóstol Santiago cerca de 300 abortistas irrumpieron en la Catedral durante la Misa, gritando consignas abortistas, arremetiendo contra el mobiliario, sacando los bancos a la calle con la intención de quemarlos,  y pintando “blasfemias contra Dios y la Virgen y consigas ofensivas y de odio contra los católicos, llenando de spray el altar del Arcángel San Miguel y el monumento donde descansan los corazones de los héroes de La Concepción”.

En su furia destructiva estos abortistas demostraban que la Fe en Dios, el amor a la Patria y el servicio hasta dar su vida era lo más opuesto a sus consignas de querer matar a los no nacidos.

Este odio destructor por parte de los abortistas, nos sirve como triste ejemplo de las dos almas por las cuales todo joven chileno debe optar.

La primera, es la del heroísmo al servicio del noble ideal de la Fe, la familia y la Patria: cuyo ejemplo son los héroes de La Concepción.

La segunda es la de quienes no vacilan en romper, quemar, insultar y blasfemar contra Dios, la Iglesia, la Patria de cuyas nefandas acciones dejaron ejemplo estos abortistas.

Recordemos estos hechos a nuestros hijos en este aniversario y eduquémoslos para que opten siempre por la del cumplimiento del deber hasta las últimas consecuencias

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09/07/2016 | Por | Categoría: Educación
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