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La concepción medieval del arte (video)

Lejos de la idea tan repetida de que la Edad Media fue un período de tinieblas intelectuales, en ella se concibió el arte como una enseñanza. Todo lo que era necesario que el hombre conociera -la historia del mundo desde la creación, los dogmas de la Religión, los ejemplos de los santos, la jerarquía de las virtudes, la variedad de las ciencias, de las artes y de las profesiones- le era enseñado por los vitrales de la iglesia o por las estatuas de los pórticos.

La catedral mereció ser conocida por este nombre emocionante: “La Biblia de los pobres”. Los simples, los ignorantes, todos aquellos que constituían “el pueblo santo de Dios”, aprendían por los ojos casi todo lo que sabían de su Fé.

Aquellas grandes imágenes, tan religiosas, parecían testimoniar la verdad de aquello que la Iglesia enseñaba. Las innumerables estatuas, dispuestas según un plan sapiencial, eran una imagen del orden maravilloso que Santo Tomás hizo reinar en el mundo de las ideas. Gracias al arte, la más alta concepciones de la teología y de la ciencia llegaban difusamente hasta las inteligencias más humildes.

Pero el sentido de esas obras profundas se oscureció. Las nuevas generaciones, que tienen otra filosofía del mundo, ya no las comprenden. Después del siglo XVI, el arte de la Edad Media se tornó un enigma. El simbolismo, que fue el alma de nuestro arte religioso, está a punto de morir.

Estudiar el arte de la Edad Media, como algunas veces se hace, sin reportarse al espíritu y preocupándose solamente con el progreso de la técnica, es equivocarse, es confundir las épocas. Nuestros antiguos escultores no tenían la misma idea del arte que tenía un Benvenuto Cellini. Ellos no pensaban que la elección de un tema fuese indiferente. No imaginaban una estatua como un arabesco agradable, destinado a dar a los ojos un momento de voluptuosidad.

En la Edad Media, toda forma era la vestimenta de un pensamiento. Se diría que el pensamiento entraba en la materia y la configuraba. La forma no se podía separar de la idea que la crió y que la animaba. Una obra del siglo XIII, aún cuando su ejecución sea insuficiente, nos interesa: allí sentimos alguna cosa que se asemejan a un alma.

(Emile Mâle, “L’Art Religieux du XIII Siècle en France” – Armand Colin, 1958, p. 11)

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29/08/2015 | Por | Categoría: Decadencia Occidente
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