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El vómito del perro y la cerda recién lavada

Imagen de la Virgen de Fátima que lloró milagrosamente en New Orleans en 1972

Nuestra Señora llora sobre el mundo actual como otrora Jesucristo lloró sobre Jerusalén. No faltan motivos. Si tomamos en consideración la multitud de pecados que se cometen, ya sea individualmente o a través de los gobiernos, de las legislaciones, en los actos judiciales, y aún internamente en la Iglesia por representantes altamente calificados.

Presenciamos un proceso acelerado, no sólo de descristianización de la sociedad, sino de imposición de falsos valores paganos. La consecuente persecución, aún en estado incipiente pero que va creciendo, se dirige contra quienes quieran permanecer fieles a las enseñanzas auténticamente católicas. Médicos y enfermeras son obligados a colaborar en la práctica del aborto y de operaciones contra la naturaleza; jueces y notarios son obligados por la ley a ratificar divorcios o pseudo casamientos; profesores obligados a enseñar a sus alumnos doctrinas y prácticas que pervierten sus mentes infantiles; y muchas otras cosas.

Ante tantas presiones y amenazas, muchos cristianos temen, tiemblan, y acaban apostatando. Les falta la valentía de los mártires y la intrepidez de los confesores de la fe. Sobre todo, les falta pedir a Nuestra Señora la gracia de la perseverancia, pues, si lo hicieren, ésta no les será negada. Tal vez sea esta apostasía el aspecto más sombrío y dilacerante de la actual paganización y la que más hace llorar a la Santísima Virgen. Aún más cuando no se trata sólo de individuos dispersos, sino de toda una civilización que opta por el abandono de la Ley de Cristo.

Estatua de San Pedro – Vaticano

El apóstol San Pedro, consciente de las obligaciones inherentes a su elevado munus de Papa, el primero de la Historia, advertía ya en aquella época sobre los terribles males de la apostasía. Sus palabras candentes, quiso dejarlas registradas en una de sus epístolas:

“Si alguien se aleja de los vicios del mundo, por medio del conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, y después se deja enredar y dominar de nuevo por esos vicios, su estado final llega a ser peor que el primero.

“Más le hubiera valido no conocer el camino de la justicia que, después de haberlo conocido, apartarse del santo mandamiento que le fue transmitido.

“En él se cumple lo que dice justamente el proverbio: El perro volvió a comer lo que había vomitado, Proverbios 26, 11 y este otro: “La puerca recién lavada se revuelca en el barro”. (II San Pedro 2, 20-22)

Revista Catolicismo, Brasil

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25/06/2016 | Por | Categoría: Decadencia Occidente
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