Corrupción Política
Acción Familia 15 Octubre 2005

¿Existe una solución?
Fe y recomposición moral de las élites: la solución para el gravísimo problema de la corrupción que se extiende, dejando al país en una dramática situación y al pueblo escandalizado.
En tesis, que una persona rica contribuya para obtener la elección de un candidato, no es en sí un acto deshonesto. Pero si ella contribuye financieramente porque, por ejemplo, el candidato a la presidencia de la República se compromete a darle tales o cuales negocios, eso se transforma en un acuerdo al menos sospechoso de ser ilegal. Esto equivale a que se contrate para un negocio público, no al más competente, sino a aquel que facilitó la ascensión del candidato. Ahí comienza a aparecer el lado espurio.
Un hecho que en sí mismo no tiene nada censurable, puede entretanto, dadas las circunstancias, ser una operación francamente ilícita.
Además de lo cual, no solo aquel que contribuyó con dinero tiene facilidades para recibir el negocio, sino también para ampliarlo. O sea, él puede cobrar al Estado una cantidad mucho mayor que la que cobraría alguien que no prestó ayuda al candidato. Eso sería deshonesto. Puede realizar el trabajo de modo insuficiente, y el Poder Público no reclama. Y entonces tenemos en escena una operación ilícita.
Son variantes mayores o menores de un mismo pensamiento central, que se podría describir en torno de la sentencia del Derecho Romano: ” Do ut des, facio ut des, do ut facias, facio ut facias” (Yo te doy para que tú me des, hago para que me des, doy para que hagas, hago para que hagas). (1)
Es un acuerdo que puede ser un robo o algo honesto.
La cuestión en su eje, en lo que ella tiene de más central, no está en la forma de gobierno ni en la forma de la economía, ella está en el grado de moralidad pública.
Muchas personas ven que la falta de religión es la raíz de todo mal, pero no quieren en absoluto propagarla para crear un ambiente de moralidad. Porque las obligaría a no ser ladronas. Ahora bien, ellas pueden concordar en que el robo es un acto despreciable, pero deducir de esto que ellas no robarán, es una cosa muy diferente.
Para eliminar la corrupción es necesario que haya un apostolado de carácter esencialmente religioso, por el cual se torne presente el auxilio de la gracia de Dios, que mueva las almas, las inteligencias y las voluntades, de manera que ellas se conviertan, y a partir de esta conversión alguna cosa se consiga. Tal conversión es evidentemente dificilísima en épocas de inmoralidad generalizada.
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